¿Por qué Carlota es feliz?

Hace unos meses conocí el proyecto “Carlota es Feliz”, que llama mi atención desde el primer momento; tono sencillo, ilustraciones, actividades para hacer en familia…
Y abro el primer libro con las siguientes preguntas en mente: ¿por qué Carlota es feliz? ¿a qué se debe su bienestar?  Y lo cierto es que rápidamente encuentro respuestas.

Cuando unos padres deciden separarse, además de verse inmersos en un proceso de duelo por la pérdida de uno de sus principales proyectos de vida, se encuentran con la difícil tarea de  responder a las nuevas necesidades de sus hijos/as; si en ocasiones resulta difícil atender a las  derivadas directamente de los cambios en la organización familiar, la tarea se complica cuando se trata de responder a las necesidades emocionales surgidas de esta situación de cambio.

Dentro de  este contexto y lejos de una situación idílica, es donde encuentro estasclaves para el bienestar de Carlota:


1.
Si bien es necesario educar a los hijos en el manejo de la incertidumbre y del cambio, es fundamental delimitar qué se espera de ellos en esta nueva situación y ofrecer un entorno predecible que les proporcione seguridad. El entorno de Carlota aporta claves que fomentan su seguridad; ella sabe con quién va a estar, dónde y en qué momento. Sabe hasta cuándo se despide de su padre o bien cuántos días va a estar con su madre, lo que también le permite explicar a sus iguales cuándo podrán hacer planes juntos en función de la situación, repercutiendo también así y de forma positiva en este área.
2. Son numerosas las experiencias que apoyan la importancia y la utilidad de introducir elementos de educación emocional con los niños en sus distintas áreas de socialización; cabe reflexionar en este sentido sobre la importancia de que desde las mismas y, en este caso, desde la familia, se fomente verdaderamente la expresión y gestión de emociones:
Se da una tendencia, no sólo en esta situación concreta, sino en la educación de los hijos en general, a pensar que dando expresión a un sentimiento que genera displacer la situación se agravará, adoptando  la respuesta de negarlo o minimizarlo: “acabas de estar con tu padre, cómo lo vas a echar de menos”; “no estés triste, el martes vas con mamá, además han venido tus primos a jugar”.
Aunque esta actitud normalmente se adopta pensando que es lo mejor, hoy sabemos que la vía para ayudarles a afrontar sus emociones, además de ayudarles a ponerles nombre, pasa por validarlos, de forma que sientan reconocida su vivencia interior “ya veo, sé que te gusta mucho estar con mamá/papá”.
En este sentido, Carlota sabe que puede expresar cómo se siente, que va a ser reconocido y que además están disponibles para ayudarle a gestionarlo, facilitando opciones como escribir un diario, dibujar, hacer una llamada, etc.
3. Por último, y relacionado con la seguridad afectiva que proporciona disponer de varias figuras de apego, obtengo otra clave en el entorno de Carlota.
Tanto cuando está con su madre como cuando está con su padre, los abuelos se involucran de forma natural en su día a día en ausencia de elementos que dificulten este encuentro, bien al contrario. Es claro que en todos los casos y por distintos motivos no se presenta esta posibilidad, aunque el fomento de relaciones en las que el niño pueda encontrar figuras de referencia, enriquecerá su desarrollo en todo caso.
Añadir en este punto, que el beneficio es directo tanto para los hijos como para los padres, ya que crear espacios de relación con figuras significativas responde también a la necesidad de acompañamiento social y familiar de los padres en proceso de separación.

Por estos motivos, veo en “Carlota es feliz” una muy útil herramienta para profesionales que trabajan con padres y madres en proceso de separación y con sus hijos, así como un cuento al que dar mucha utilidad en familia.

¡Feliz Lectura!