¿La felicidad es innata?

¿Qué deseas en la vida?…la respuesta inmediata será… ser feliz.

Estamos dispuesto genéticamente a ello, aderezado con circunstancias externas que no podemos controlar y mucho de nosotros mismos y nuestras intensas emociones.
La vida es como una especie de montaña rusa, cuando de este concepto tan amplio estamos hablando. Subimos y bajamos y a veces se nos olvida agarrarnos en las curvas. Entonces miramos al que tenemos al lado y comenzamos a comparar esos niveles de felicidad, buscando una fórmula para llegar a ser ese tipo de la eterna sonrisa.
Genéticamente estamos preparados, pero la escala de valores, las prioridades y las experiencias hacen que cada uno viva y disfrute de esta habilidad de manera diferente.
Un estudio de la universidad de College London decía que las personas que han crecido en un entorno feliz son más abiertas, estudian y ascienden más deprisa. Es decir que niños felices serán, sin duda, adultos felices y exitosos… o al menos estarán más preparados para ello…
Lo que no debemos olvidar es que somos los padres los principales generadores de una parte importante de las experiencias del niño.
¿Qué padre no desea que su hijo sea feliz? Lo intentamos, pero pueden existir momentos y decisiones que hagan tambalear los cimientos. Una de las principales causas es separación de la pareja.

 

Cuando descubrí los cuentos de Carlota es feliz lo primero que llamó mi atención es el título. Una herramienta, destinada a los más pequeños, que destaca esta palabra como eje central de la historia, no puede pasar desapercibida. Puedes encontrar un sinfín de artículos y libros para que los padres afronten este momento y sepan cómo deben actuar con sus hijos para que esta nueva situación no les afecte a sus vidas… pero ¿y para los pequeños?…Ahí está Carlota… una niña con la que se van a identificar y que les ayudará a comprender que, aunque su entorno cambie, ellos seguirán sus vidas y sumarán a ella dobles aventuras y experiencias.
Cuando los profesionales de la educación nos enfrentamos a alumnos que están pasando por este proceso, necesitamos saber gestionarlo tanto o más que la propia familia. Sumamos a ello que debemos compartir con los padres las inquietudes y acordar los pasos que se van a ir dando para que el niño no se vea afectado, normalizando así su escolarización en los momentos de este difícil proceso. La comunicación entre familia y centro es fundamental, pero también las estrategias que utilice el educador para trabajar con el grupo pues, en las edades más avanzadas, esta situación es algo que el alumno/a compartirá con sus compañeros y debemos saber afrontar las posibles preguntas.

 
El cuento es la herramienta más potente en el aula para trabajar emociones, además de esa función lúdica que tanto estimula a los pequeños, y materiales como este deben estar en un espacio privilegiado dentro del aula.

 

El mejor medio para hacer bueno a los niños es hacerlos felices

Oscar Wilde

 

Publicado en El Arte de vivir